Trágicos relatos

Qué coraje dejar pelos en el alambre. Por eso siempre estoy lo suficientemente rasurado. Esto me recuerda a la fábula del niño obeso que comía papel.

Dice la leyenda que en el instituto Carlos Gómez de Jiquilpan, había en 4C un niño de más de 100 kilos, ojos rasgados y bastante prieto llamado Darwin. Éste cuate fue víctima de un ataque organizado en el que todos sus compañeros. Los rebeldillos encabezaron una ofensiva en la que todo el salón arrojó bolas de papel al gordo Darwin. Ante la ofensiva, la defensa del morro fue comerse todo el papel.

El gran mensaje de la fábula del gordo Darwin, nos obliga a recordar ese momento clave que cambió la vida de Carmen Rolanda la pelirroja. Se encontraba en el recreo de la jornada vespertina de la urbana 77 (como el patrullero Elias Hernandez), cuando recibió un inesperado balonazo que la dejo noqueada. Cuando despertó había tenido su primer periodo y no sólo no pudo recordar ese gran momento si no que sus compañeritos lo vivieron en vivo.

A la mañana siguiente no muy lejos de casa de la abuela de Carmen Rolanda se encontró a un muñeco vudú de Sermeño, un cuate trabajador que se había mudado de Santa Cruz a la metropoli en busca de un mejor trabajo. Para su fortuna lo que lo estaba esperando fue dolor ya que su amada novia Gitana le hizo un muñeco y le arrancó las cervicales. Esto con el simple motivo de alimentarlo de pretzels y dejar que muriera de resequedad.

 

@luisramoncito

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