La carne de burro no es transparente

That was so wrong. Tan fácil como ver un aguacate, arrojarlo, e iniciar una guerra de aguacates. Lo normal es que en una guerra hay dos equipos, pero es de conocimiento popular que si la guerra es de aguacate, no hay equipos y esto se convierte en un todos contra todos. En una guerra de traiciones y corazones rotos, vidrios rotos, paredes verdes, cuates inmaduros (o sea pintados de verde) y de tocho morocho.

Pero eso no es el final si no el principio. Después de la primera batalla se vuelve adictivo. Un día sin aguacate es peor que un día sin ti, más que un día sin ti mi amor. Es claro que hay una sustancia adictiva en el aguacate, y esto se demuestra con estadísticas, el aguacate se encuentra en la lista de los 10 alimentos más adictivos. El aguacate va de puta madre con todo.

Después de la guerra viene la calma. El desgaste emocional después de alianzas destruídas mas el tiempo de espera para la temporada de aguacate se convierten en el mismisimísimo infierno, La bombonera, la casa del gran goleador guaraní. La calma nunca tiene nada de calma. La calma es ese momento en el que renace el cálido abrazo de la desesperanza.

El verano regresó. Pero algo había cambiado. El aguacate había cambiado. Todos han cambiado.

 

@luisramoncito

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